Mi papá

Hoy es tu cumpleaños, pero no cualquier cumpleaños. Hoy es tu primer cumpleaños no cumplido. Y esta última semana estuviste mucho en mis pensamientos, en recuerdos, en mis decisiones de hoy que son así tomadas por lo que vos me enseñaste.

Hasta en tus últimos días me enseñaste cosas. Me enseñaste que hay que cuidar nuestro cuerpo, la salud, todo lo que se pueda. Vos no tuviste la posibilidad de aprender muchas de las cosas que yo si pude (en gran medida porque me transmitiste esas ganas de saber). Pero me mostraste como el camino de los excesos no es bueno, con tus propias conductas.

En mi vida, enseñar es una necesidad, algo que me hace feliz y me completa. Incluso disfruto más del proceso de enseñar que del resultado que obtiene el enseñado. Y resulta que eso también lo aprendí de vos. No porque fueras maestro en una escuela, sino porque eras maestro en tu vida. Recuerdo cuando el tío Ricardo venía a casa y le ayudabas a hacer sumas, divisiones y multiplicaciones… gigantescas para mis ojos de nene. Recuerdo como te entusiasmabas con los muchachos y chicas nuevos en el movimiento sindical cuando los adoptabas en su proceso de aprendizaje de normativas y conductas éticas. También me acuerdo (y tuvo gran influencia en mi) que cuando algunos de esos estudiantes de facto, se desviaban del camino de la ética, no te enojabas con el mundo, sino que los dejabas ir con sus propias decisiones. De ahí aprendí lo que significa el desapego.

Resulta que yo tengo un sentido interno de la justicia muy exacerbado y eso lo aprendí también de vos. Cuando defendías los derechos de los trabajadores textiles desde el cargo de sindicalista, no buscabas sacarle cosas a los patrones, buscabas un trato justo, donde los patrones tuvieran sus ganancias porque la fábrica era de ellos, pero tu esfuerzo estaba puesto en que los trabajadores tengan una parte de la recompensa cuando todo iba bien, porque (me dijiste muchas veces) cuando las cosas van mal, los trabajadores siempre tienen su parte en la repartija.

Por alguna razón que nunca llegué a entender, no estuviste más metido en el movimiento cooperativista. Aunque en casa siempre tuviste libros de cooperativismo y me sirvieron cuando yo empecé a entrar en el mismo. También tus palabras, porque recuerdo que me impresionó en ese momento todo lo que sabías al respecto.

También me enseñaste que no somos iguales. Muchos de la familia me dicen todo el tiempo: ¡Qué parecido a tu papá que sos! Y se que así es en lo físico y en todas estas cosas que me enseñaste con tus actos más que con tus palabras. Pero también me mostrabas continuamente que somos distintos. Y que yo debía superarte, como mis hijos deben superarme a mi.

Una de esas diferencias es que yo sí estoy muy interesado en la prosperidad económica. Tal vez ahí radica una de las mayores incógnitas que me quedaron sobre vos. Una de esas cosas que te quedan pendientes de preguntarle a alguien cuando ya no está presente de cuerpo y mente.

Recuerdo con que entusiasmo ibas a tus dos trabajos cuando yo era muy chico. Recuerdo que venías a casa al mediodía porque tenías tiempo de almorzar y dormir una siestita corta. Y recuerdo que en esos mediodías fugaces yo me sentaba en la mesa con vos solo para verte y no te recuerdo nunca enojado, sino más bien regalándome sonrisas cuando me mirabas. Después me iba a jugar a afuera para no hacer mucho ruido y que puedas dormir. Al rato te veía salir contento a tu otro trabajo desde el patio.

Cuando pasó el tiempo, el golpe de estado del 76 hizo que tengas que salirte del circuito de las fábricas textiles. No eran buenos tiempos para los que defendían los derechos de los trabajadores. Ahí me enseñaste otra gran lección… Se puede cambiar de trabajo y seguir sintiendo satisfacción por lo que hacemos.

Sin entender nada de albañilería te sumaste a los tíos Raúl, Mingo y Ricardo. Sumaste tu capacidad para presupuestar y ser el nexo entre quienes los contrataban y ellos. A la vez fuiste aprendiendo la profesión, la habilidad motriz que se necesita para hacer las distintas tareas.

Algún tiempo después, cuando ya era un preadolescente, pude comprobar como el trabajo físico fuerte, une a los que lo realizan. Ese cansancio compartido que te vuelve hermano por un día con el otro. Porque cooperaron, sin competir entre ellos.

Recuerdo en particular una obra donde había que hacer un contrapiso gigantesco. Tenías como 10 personas contratadas en ese entonces. Pero un día solo estábamos nosotros dos y un hombre mayor que tenías contratado. Ese día con tus palabras nos motivaste de tal manera que hicimos casi los mismos metros de contrapiso que cuando éramos 10. El mensaje era muy claro: ¡Ustedes me necesitan más que yo! Y así resultó, porque después de ese día, ningún otro lunes faltaron todos. Esa lección me sirvió mucho. Si quiero resultados de mi equipo, yo debo ser el buen ejemplo.

Recuerdo ahora también algo sobre toda tu familia y la familia de mamá. Estabas disponible para todos ellos cada vez que te necesitaban, pero cuando eso pasaba, no te ponías en posición de vivir y decidir por ellos. Los ayudabas sin vivir sus vidas. No los criticabas, los ayudabas a superar lo que les complicaba en ese momento y una vez superado eso te apartabas para que sigan solos. Nunca llegué a decirte lo mucho que eso me enseñó.

No te gustaba hablar de las cosas que te afectaban, ni de las buenas, ni de las malas. Tengo que admitir que eso no me ayudó, me hubiera gustado que me hables más de esas cosas. Pero hasta de eso aprendí, porque hoy tengo la oportunidad de hablar de lo que siento con mi hijos y de lo que ellos sienten también.

Se por mamá que estabas muy orgulloso de lo que yo hacía en mi vida. Y pude comprobar que también estabas orgulloso de los logros de Martín. Eso me alivia mucho porque realmente te merecías sentir ese orgullo, esa felicidad por la más importante obra/enseñanza/acompañamiento/resultado de tu vida.

Esto seguramente debí escribirlo antes, pero por alguna razón desviaba mi enfoque cada vez que iba a empezarlo. Tal vez porque no me siento angustiado por tu partida. No siento que te perdí. Y al escribir esto me doy cuenta del por qué. La respuesta es muy simple… Porque no te perdí.

Estás en tantas cosas en mi, en como trato a mis alumnos, en como estoy pendiente de lo justo, en cuanto cuido mi salud, en como actúo con mi gente en el trabajo, en como me relaciono con mis hijos, en como trato a mamá, en como siento a toda mi familia extendida… que no puedo extrañarte.

¡Gracias papá!

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About elproferoman

Hacktivista, cooperativista, profesor de informática, emprendedor, creador compulsivo y optimista sin remedio.

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