La culpa es del tío Luis

Hace años que tengo todas las ganas de tener una moto…

Hasta hace algún tiempo no había prestado atención de que me visualizaba siempre en motos chicas… y más que nada en scooters o similares…

Hace poco falleció mi tío Luis…

Hace apenas unas semanas, mientras hacía la cola de la carnicería de mi barrio, al ver un hombre con un chico de unos 10 años bajando de una motito, pude unir todos estos cabos sueltos.

Desde los 8 años yo viví con mis padres en San Miguel (provincia de Buenos Aires). Y una de las etapas favoritas de las vacaciones, era cuando me dejaban ir a quedarme en la casa de mis tíos de Pilar (Villa Rosa, para ser más exacto).

La casa del tío Luis y la tía Nelly no tenía ni un poquito de lujo, no tenían hijos en ese momento con quienes yo pueda jugar, ni solían llevarme a pasear de esa manera que te llevan los tíos sin hijos cuando sos el sobrino mimado.

Pero allí había un tesoro gigantesco y tentador; una sola cosa que era capás de hacerme desear el momento de poder ir y quedarme con ellos.

Esa cosa era el taller del tío Luis.

Probablemente no llegaría a llamarse taller para la mayoría de los mecánicos. No era mucho más que algún techo de chapas, un conjunto de herramientas, un pozo al que por alguna razón llamábamos fosa y los conocimientos de Luis para arreglar autos viejos.

Es casi seguro que ahí, en esas vacaciones, desarrollé mi amor por armar y desarmar cosas, por hacer funcionar lo que no anda o crear lo que todavía no existe.

El tío no era un gran maestro, no dedicaba mucho tiempo a explicar lo que iba a hacer o sobre el origen de los problemas de un auto o una moto. Pero tenía la habilidad natural de hacerme sentir útil en el trabajo.

No me decía “tenemos que desarmar el carter de este motor para aflojar los cojinetes”, solo decía “buscá la de media y sacá todos los tornillos”. Y yo sentía que era un mecánico.

Durante el día de trabajo, habitualmente había que ir hasta Pilar (como a unos 5 km) a comprar algún repuesto. Así que subíamos a alguna moto que tuviera en ese momento y salíamos sin mucho preparativo. Creo que esta foto expresa bien a que me refiero cuando digo “sin mucho preparativo”…

EnLaMotoDelTioLuis

La verdad que esos viajes de compras no eran algo que se hacía como una responsabilidad a la que había que darle un tiempo acotado para no retrasarse con el trabajo. Más bien eran momentos de relajación (y algo de vértigo también… miren la moto y se darán cuenta).

Recuerdo tan bien ese día en que nos sacamos la foto…

Hacía mucho calor. Cerca del mediodía. A las pocas cuadras de lo del tío, al pasar por un bar  (esa construcción que se ve al fondo de la foto era el bar), Luis vio una antigua máquina de fotos, esas que eran un cajón sobre un trípode de madera, con una tela negra, debajo de la que se ponía el fotógrafo para hacer su magia. Apenas nos pasamos unos metros y desaceleró para hacer una vuelta en U y parar la moto frente al bar.

Entramos juntos y habló con un señor que estaba apoyado en el mostrador tomando algo en un vaso chiquito.

Luego salimos los tres a la calle y nos subimos a la moto para posar tal como salimos… “quédense muy quietos, ni respiren… recuerdo que dijo”.

Al rato, luego de que este señor haga el resto de su magia sin sacar las manos del cajoncito, tuvimos la foto revelada. La misma que hoy, luego de más de 30 años, les muestro acá.

Tanto tiempo después, me doy cuenta que cada vez que me visualizo en moto, recuerdo esa sensación en el asiento de atrás, con el tío Luis, entre el ruido, el viento, ese motorcito que parecía que iba a explotar en cualquier momento (aunque jamás lo hizo).

Hay tantas cosas que nos hacen tal como somos, tantas personas a las que les debemos lo que queremos, que recordar esto y poder escribirlo, es un regalo que me da la vida.

Gracias Luis por tantos lindos días en el taller.

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About elproferoman

Asociado independiente de Herbalife, profesor de informática, emprendedor, creador compulsivo y optimista sin remedio.

2 responses to “La culpa es del tío Luis”

  1. Mónica Arellano says :

    Román, Román, Román, …gracias es un gran regalo, un gran recuerdo y que bueno que lo compartas, por que yo que me crié tan lejos tengo poco conocimiento de todos ellos, ni hablar de Luis por ejm. que solo lo vi una vez en un casamiento de nuestras tías, no recuerdo cual. Pero esto habla de vos y realmente veo que, detrás del Profe Román hay un hombre con una gran humildad, capacidad y gran sentimiento por los seres queridos que han tenido participación en tu crecimiento y la facilidad de palabras para expresarlo, tan pero tan bien. Sabes muy bien cuanto te quiero y que fue muy breve el tiempo que tuvimos para compartir pero fue muy lindo y siempre lo recuerdo. Bueno querido primo espero ver y leer mas cosas tuyas realmente me gustan. Besos.

  2. irisfz says :

    Qué lindo relato!!! No puedo creer que seas el de la foto!!!!!!!!!

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